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Orestes Gomez: ritmo, identidad y una nueva generación sin fronteras

Orestes Gomez habla sobre identidad, percusión, Londres y el camino que lo ha llevado a escenarios internacionales.

Orestes Gomez habla sobre identidad, percusión, Londres y el camino que lo ha llevado a escenarios internacionales.

BY MARU RUIZ

Fotografia: Maru Ruiz

La percusión siempre ha sido mi manera de decir lo que no cabe en palabras.

La percusión siempre ha sido mi manera de decir lo que no cabe en palabras.

ORESTES GÓMEZ

NO ME FUI PORQUE QUISE

Antes de convertir la migración en un disco, antes de recorrer escenarios internacionales y antes de decidir que era momento de dedicarse únicamente a su propia música, Orestes Gómez era un niño de San Cristóbal aprendiendo percusión. Hoy, después de años acompañando y colaborando con otros artistas, la batería vuelve a estar exactamente donde él quiere: primero.

Hay títulos de discos que necesitan una explicación.
“No me fui porque quise” probablemente no sea uno de ellos.

Para muchos venezolanos que viven fuera del país, esas cinco palabras cargan con una historia detrás y un significado bastante cercano, aunque haya distancia, familiares que quedaron atrás, un país que continúa existiendo en la memoria y esa extraña experiencia de construir una vida nueva mientras una parte de ti sigue hablando, escuchando y recordando como antes.

Orestes Gómez convirtió parte de todo eso en música.

Pero para entender este disco hay que regresar bastante más atrás. Porque mucho antes de hablar musicalmente sobre irse de Venezuela, Orestes ya estaba intentando descubrir cómo llevar los sonidos de su país hacia otros lugares.

ANTES DE LA BATERÍA ESTUVIERON LOS TAMBORES

Orestes nació en San Cristóbal, Venezuela, y comenzó con la percusión desde muy pequeño. Su padre, músico y amante de la salsa y los tambores venezolanos, fue una de sus primeras conexiones con ese mundo. Después llegó la formación clásica dentro del sistema de orquestas venezolano, el estudio de la música tradicional y más adelante, la batería, el jazz y una carrera que terminaría llevándolo bastante lejos de casa.

En pocas palabras nos dio una introducción del mismo que puede parecer sencilla pero prácticamente lleva toda su historia ahí.

“Yo soy músico, productor de San Cristóbal, Venezuela. Tengo un proyecto propio donde el ritmo, la batería y la percusión son protagonistas.”

No queda resonando

Ritmo. Batería. Percusión. Venezuela. Cuatro cosas que han sobrevivido a casi todas las versiones de Orestes Gómez.

A LOS 17 AÑOS ENTENDIÓ QUE LA MÚSICA PODÍA LLEVARLO POR EL MUNDO

Hay músicos que recuerdan una canción. Otros, un concierto. Orestes recuerda un teatro.

“Tenía 17 años y estaba de gira con una orquesta sinfónica, nos prepararemos para tocar en París en el Théâtre du Châtelet.”

Fue ahí donde ocurrió uno de esos momentos que terminan marcando una carrera.

“En ese momento sentí la presión y dije: esto es lo mío. Me voy a dedicar a esto y voy a conocer el mundo con esto.”

Hay algo curioso en escuchar esa frase tantos años después, porque, de alguna manera, ocurrió. La música efectivamente terminó llevándolo por el mundo.

Solo que para hacerlo también tuvo que irse.

NO ME FUI PORQUE QUISE

En enero de 2026 llegó No me fui porque quise, un álbum de 14 canciones construido durante aproximadamente tres años y acompañado por una lista enorme de colaboradores, entre ellos Irepelusa, Micro TDH, McKlopedia, Mari la Carajita, Nina Fre$h, Horus, AFROGOCHOS, Çantamarta, Sabino, Marco Mares, Tino el Pingüino, Fer Casillas y Félix Bemba.

El álbum habla de migración, identidad, distancia y pertenencia, pero lo hace desde el lenguaje que Orestes lleva construyendo durante años: percusión venezolana atravesada por jazz, hip-hop, electrónica y sonidos contemporáneos.

Y existe una contradicción preciosa en cómo fue creado.

Un disco sobre haberse ido fue construido, en buena medida, mientras Orestes seguía yéndose de un lugar a otro. Grabó partes en Venezuela, México, Madrid y Los Ángeles mientras continuaba viajando y trabajando. Hasta que eventualmente las canciones comenzaron a decirle de qué trataba realmente el disco.

Orestes describió No me fui porque quise con una frase que probablemente sea la clave de todo el proyecto:

“Este disco es lo que yo tengo que decir sobre mi país y mi música.”

Y dijo mucho sobre su país con tan solo tocar dos clásicos.

Primero sonó “Me Tengo que Ir” de Los Adolescentes, haciendo bailar a todos en SXSW London. Después llegó una de esas canciones que para muchos venezolanos necesita poca presentación: “Caracas de Noche”, infaltable en las fiestas venekas de los 90 y principios de los 2000, y coreada durante años en distintas ciudades del país.

Dos canciones, dos generaciones y una manera bastante sencilla de llevar un pedacito de Venezuela hasta Londres.

Y EN 2026 LLEGÓ EL SEGUNDO QUIEBRE

Cuando le preguntamos por aquel momento en el que supo que quería dedicarse a la música, esperábamos probablemente una historia.

Nos dio dos.

Y quizá esta sea una de las partes más interesantes de su historia, porque a veces imaginamos que decidir dedicarse a la música ocurre una sola vez.

Orestes tuvo que decidirlo otra vez.

La primera vez tenía 17 años y estaba en París pensando que quería conocer el mundo gracias a la música.

La segunda ya está ocurriendo, ahora el reto no es vivir de la música, es vivir de la suya.

Después de años tocando, produciendo y colaborando con otros proyectos, en 2026 Orestes tomó una decisión considerablemente más arriesgada: dejar de trabajar con otras bandas y artistas para concentrarse exclusivamente en su propia música.

“Este año decidí solamente tocar con mi proyecto, solamente hacer mis giras, ya no trabajar con otros artistas ni otras bandas. Fue un quiebre. Dije: Quiero solo hacer lo mío, mi música y mi arte.”

AHORA LA BATERÍA VA PRIMERO

Parece también el punto en el que Orestes decidió dejar de construir su carrera alrededor de la música de otros para descubrir hasta dónde puede llegar la suya.

PARA LOS QUE ESTÁN EMPEZANDO EN LA MUSICA APRENDAN DE TODO

Antes de terminar le hicimos la misma pregunta que hacemos a otros artistas que pasan por VIBES:

¿Qué te habría gustado saber cuando estabas comenzando?

Su respuesta tuvo poco que ver con inspiración y bastante con realidad.

“Solo con tocar un instrumento o cantar no es suficiente en esta época. Tienes que saber del business, de management, tour management, booking. Tienes que saber de todo un poco: grabar vídeo, editar vídeo, mezclar, masterizar.”

Para Orestes, entender cómo funciona todo lo que existe alrededor de una canción es parte también de aprender a vivir de ella.

“Si estás empezando y quieres vivir de esto, por ahí van los tiros: que le metas a todo, un poquito de todo. Ya después tendrás tu equipo y otra gente que colabore contigo, pero siempre es bueno tener conocimientos base de todo.”

Es un consejo particularmente coherente viniendo de alguien que ha pasado por tantos lugares dentro de la música: formación clásica, percusión tradicional, batería, producción, colaboración, giras y ahora la gestión de su propio proyecto.

NO SE FUE PORQUE QUISO.
PERO SÍ DECIDIÓ QUÉ HACER CON TODO LO QUE VINO DESPUÉS.

A los 17 años Orestes Gómez estaba parado en un teatro de París pensando: voy a conocer el mundo con esto.

Lo hizo. La música lo llevó fuera de Venezuela, lo puso frente a otros públicos, lo cruzó con otros artistas y terminó transformando también su sonido.

Pero ocurrió algo curioso durante el viaje.

Cuanto más lejos llegó, más evidente se volvió aquello que había salido con él desde San Cristóbal.

El ritmo.
La percusión.
Los tambores.
La memoria de su padre.
Venezuela.

“No me fui porque quise” parece recoger todas esas cosas y ponerlas dentro del mismo disco.

Y ahora, después de años ayudando a construir la música de otros, Orestes acaba de tomar otra decisión.

Hacer su música.
Girar con su música.
Y descubrir hasta dónde puede llegar con ella.

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SXSW / Steeve D'Rosales

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