Unfiltered

¿POR QUÉ NO TENGO AMIGOS?

No espero que esa persona sea todo para mí, porque yo ya soy todo para mí.

Anonimo

¿POR QUÉ NO TENGO AMIGOS?

Yo nunca fui la persona cool del colegio.

No tenía las trenzas perfectas, ni los ganchitos de mariposa, ni un perfume increíble.

Creo que siempre fui más bien esa niña a la que no le importaba llenarse de barro.

Para mí, tener amigos siempre ha significado algo bastante complejo:

Poder ser simples.

Curiosos como gatitos.

Pero honestos.

Empáticos.

Poder estar con alguien sin sentir que tienes que demostrar nada.

Aunque relacionarse con personas nunca fue fácil.

O al menos para mí.

Que si eres moren@.

Que si tus zapatos son bonitos o feos.

Que si hablas mucho o no hablas nada.

Incluso de pequeños ya había reglas que nadie te explicaba, pero que todos parecían

conocer.

Y yo…

bueno.

Yo era un 4x4 sin frenos.

Quizás por eso, de pequeños, la amistad también parecía mucho más sencilla.

Tenías tiempo.

Salías a jugar.

Cero responsabilidades.

No había que mirar el calendario para ver cuándo podías quedar.

Y todavía no sabíamos que había prejuicios sociales que cumplir.Solo necesitabas saber quién se escondía primero y quién contaba.

Y ya tenías un plan.

Ahora somos adultos.

Y para quedar con alguien necesitas cuadrar horarios, mirar si el restaurante tiene

opciones veganas y sin gluten porque resulta que ahora no puedes comer pan…

Y cuando por fin consigues que todos puedan quedar:

alguien cancela.

Maravilloso.

Pero creo que el problema no es solamente que hacer amigos se vuelva más difícil.

También es que nosotros dejamos de ser los mismos.

Y las amistades cambian con nosotros.

Hay amigos para salir de fiesta.

Otros para ir a cenar.

Otros para ir a una galería.

Otros para sentarte en un parque y hablar de la vida durante tres horas.

Y no creo que uno sea más amigo que otro.

Simplemente ocupan lugares diferentes.

Porque una amistad no tiene que ser tu pareja.

No tiene que ser tu terapeuta.

No tiene que estar disponible cada vez que tú lo necesites.

Tu amiga es tu amiga.

Y ya.

No espero que esa persona sea todo para mí, porque yo ya soy todo para mí.

Lo único que necesito es sentirme libre dentro de esa amistad.

Poder ser yo sin cohibirme.

Sin pensar demasiado qué decir.

Sin preguntarme si estoy siendo demasiado.Sin medir cada palabra.

Poder estar en silencio y que no sea incómodo.

Poder reírme como una idiota.

Poder decir “hoy no puedo” sin sentir que estoy fallando.

Poder cambiar, incluso, sin tener miedo de que la otra persona deje de reconocerme.

Quiero sentir que puedo ser yo sin tener que editarme.

Quizás por eso a veces me da miedo confiar.

La confianza es un arma de doble filo.

Porque cuando dejas entrar a alguien de verdad…

también le das la posibilidad de hacerte daño.

Y cuando una amistad termina…

duele.

Duele casi como si una parte de ti se fuera.

Porque no solamente pierdes a una persona.

Pierdes conversaciones.

Chistes.

Historias.

Una versión de ti que solamente existía con esa persona.

Un idioma que solo ustedes dos entendían.

Y quizás lo que más duele no es dejar de verla.

Es pensar:

“¿Y si nunca vuelvo a sentirme así de comprendida?”

Pero no todas las amistades que terminan son malas.

Algunas simplemente dejan de funcionar.

Tus prioridades cambian.

Las de ellos también.

Y a veces, aunque quieras muchísimo a alguien, entiendes que es mejor alejarte.Porque no todo tiene que estar bien solamente porque es mi amig@.

Igual que con el cacas.

Hay que poner límites.

Y sí.

Siempre he sentido que también soy yo la que se aleja.

Siempre.

Porque tener pocos amigos no significa necesariamente estar sola.

Hay muchos conocidos.

Amigos hay pocos.

Y quizás aprender a diferenciar quién es quién también es parte de crecer.

Porque estar rodeada de gente no significa sentirte acompañada.

Yo estuve en un momento de mi vida rodeada de personas muy buenas.

Personas que no me hacían ningún daño.

Y aun así, por dentro, me sentía vacía.

No sentía conexión con nadie.

Y eso duele.

Porque entiendes que así como tú cambias…

las relaciones también.

Y las personas también.

Pero entonces descubrí algo que de pequeña no podía entender.

Una amistad adulta se parece un poco a ese restaurante favorito al que siempre vuelves.

Un día lo descubres.

Te abres a probar.

Encuentras algo que se siente cálido por dentro.

Y desde entonces sabes que cuando necesitas sentirte segura, acompañada o

entendida…

puedes volver.No necesitas ir todos los días.

No necesitas reservar una mesa para demostrar que sigues queriendo estar ahí.

Simplemente vuelves.

Y quizá hasta quieres saber si pusieron algo nuevo este mes.

Porque tú también has cambiado.

Y quieres conocer en quién se está convirtiendo esa persona.

Creo que de pequeños vivimos mucho más en el juego.

Pero de adultos la conexión puede ser mucho más grande.

Porque ahora podemos sentarnos frente a alguien y decir:

“Estoy teniendo un día de mierda.”

Y esa persona entiende.

Porque también está intentando resolver su vida.

Todos estamos lidiando con responsabilidades que nadie nos enseñó a manejar.

Dinero.

Trabajo.

Familia.

Relaciones.

Miedos.

Y quizás por eso una amistad adulta se siente diferente.

No porque sea mejor.

Sino porque ahora elegimos quedarnos.

Y quizás eso es lo bonito.

Que ya no somos esos niños que solamente necesitaban a alguien con quien jugar.

Ahora podemos elegir a alguien con quien sentarnos en un parque y hablar de la vida.

Alguien que puede desaparecer un rato porque la vida está pasando…

y cuando vuelve,

todavía hay un lugar en la mesa.Quizás eso es tener un amigo.

No tener a alguien que esté siempre.

Sino tener a alguien a quien todavía puedes volver.

Y sí.

Quizás no extraño tener amigos como cuando era niña.

Extraño la facilidad con la que quería a alguien.

Pero tal vez crecer no significa perder la capacidad de querer así.

Quizás significa aprender a querer de otra manera.

No sé.

Quizás por eso sigo preguntándome:

¿Por qué no tengo amigos?

Porque quizá la pregunta nunca fue cuántos tengo.

Quizás era:

¿Con quién puedo llenarme de barro o llorar por la vida sin tener que explicarme?

FIN.




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