
Unfiltered
¿VOLVEMOS ?
Septiembre siempre pregunta lo mismo: ¿Qué vas a hacer ahora? Esta vez quisimos preguntarnos otra cosa. ¿Y si no volvemos?
Anonimo
¿VOLVEMOS?
Siempre que llega el noveno mes aparece esa sensación de que algo está a punto de cambiar.
Como si septiembre trajera consigo el afán de cumplir cada una de las promesas que hicimos casi un año atrás.
Volver a empezar. Organizarnos. Hacerlo mejor esta vez.
Empezamos un nuevo curso. Cambiamos de trabajo. Conocemos personas nuevas.
Nos acostumbramos a nuevas rutinas.Volvemos a hacer planes.
Pero, sobre todo, nos perdemos un poco.
Quizás porque septiembre tiene esa extraña capacidad de hacernos observar todo el tiempo que tuvimos y todo el que todavía tenemos.
Miramos lo que dijimos que haríamos y todavía no hemos hecho. Las cosas que dejamos para “después”. Después del verano. Después de agosto.
Las versiones de nosotros mismos que imaginamos que ya existirían a estas alturas.
Entonces…
¿VOLVEMOS?
Empezamos otra vez como si tuviéramos una lista interminable e invisible de cosas que
arreglar después de las vacaciones.
SEPTIEMBRE AL 1.000%
— Ser más disciplinados.
— Cuidarnos más.
— Visitar a la familia.
— Ahorrar.
— Empezar el gym.
— ¿Qué vamos a hacer en Halloween?
— Dejar de fumar.
Convertirnos, finalmente, en esa versión de nosotros que llevamos meses prometiéndonos.
Pero… ¿y si no?
¿Por qué siento que todo lo que nos rodea, a partir de agosto, nos redirige hacia esa misma pregunta?
Ya es septiembre.
¿Qué voy a hacer?
Y llega la ansiedad.
No es opcional. Siento que se vuelve impuesta.
Así que, ¿y si NO?
¿Qué pasa?
Tal vez no tenemos que volver a ser los mismos.
Tal vez septiembre no es un comienzo.
Quizás es solo una pausa.
O una continuidad que nos permite darnos cuenta de que hemos cambiado.
Porque me rehúso a pensar que, después de nueve meses, debería sentir que podía haber hecho más.
Que debería haber cumplido aquellas promesas que tal vez cambiaron conforme fueron pasando los meses.
Porque la vida es así.
CAMBIANTE.
Personas llegaron y otras se fueron.
Cosas que me importaban ya no me importan tanto.
Pensamientos que sentía que me ahogaban ahora me dan aire.
Y la versión que soy hoy ya no se parece demasiado a la que imaginaba en enero.
Quizás por eso me siento perdida.
Porque crecer también significa dejar atrás algunas de las expectativas que teníamos sobre
nosotros mismos.
Y eso puede sentirse muchísimo más parecido a estar perdiendo que a estar avanzando.
¿O no?
Así que este septiembre no quiero volver.
Quiero seguir.
Sin intentar recuperar quién fui. Sin intentar volver a una rutina que ya no me funciona.
No quiero expectativas.
Solo quiero ver qué pasa si, esta vez, en lugar de preguntarme:
“¿Qué debería conseguir?”
me pregunto:
“¿Qué quiero conservar conmigo ahora?”


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